Seguramente habrás escuchado hablar alguna vez del feng shui, ese método filosófico de origen chino que se centra en la armonización del espacio como medio para alcanzar la paz y el bienestar imprescindibles para la contemplación y el desarrollo personal e intelectual aprovechando la energía de las cosas que se encuentran en un determinado lugar.

Así, lograr que el ambiente de las habitaciones de tu hogar concuerde con los aspectos del paisaje en donde se halla, como la orientación hacia el punco cardinal indicado y la relación con fuerzas del entorno como montañas y ríos, así como de otros elementos dentro de tu misma casa, hará que tu sueño sea más reparador, placentero y benéfico.

Aquí te decimos algunos aspectos que no debes olvidar si quieres disfrutar de las bondades que ofrece esta doctrina oriental que, sea cierta o no, de cualquier manera trae ventajas sensibles para todos, incluso hasta para los más escépticos.

1. Ubica bien la cama

Uno de los conceptos básicos de esta filosofía es el yin y el yang, fuerzas opuestas y complementarias que representan a la feminidad, la pasividad, la oscuridad, la tierra y la absorción, por una parte, y a la masculinidad, la actividad, la luz, el cielo y la penetración, por la otra.

Trasportando esto a la recámara tenemos componentes estáticos, como paredes sólidas y continuas, en oposición a otros móviles, tales como ventanas y puertas.

Para un mayor descanso, es conveniente colocar la cabecera de la cama pegada a una pared sin ventanas y alejada de la entrada sin estar alineada a ella, pues así obtendrás toda la energía yin mientras duermes y te alimentarás del yang al despertar y recibir la luz del día.

2. Ten cuidado de lo que está sobre ti

Según el feng shui, el equilibrio entre el yin y el yang favorece al chi, que es el flujo de energía vital de todo. Un desequilibrio entre dichas magnitudes ocasiona lo que denominan sha chi, o energía destructiva.

Fuera de casa, edificios muy altos, antenas e intenso tráfico vehicular pueden afectar la armonía del entorno, mientras que objetos colgantes en tu recamara (lámparas, ventiladores, etcétera) y elementos como espejos y ventanas muy reflejantes también tienen un efecto negativo.

Siguiendo esto, evita tener artículos de ese tipo en tu cuarto o trata, por lo menos, de que sean discretos y ligeros, además de que por ningún motivo tengas un espejo desde donde te puedas ver de frente desde la cama.

3. Selecciona bien los colores

Aunque en general es bueno utilizar siempre colores suaves presentes en la naturaleza, dependerá del tipo de personalidad y de otras características como la edad, el género y si se duerme sólo o en pareja para poder elegir el tono más adecuado.

El rosa, por ejemplo, es un color que se asocia a la sexualidad, por lo que es conveniente si vas a dormir con alguien y quieres mantener la pasión encendida sin descuidar el reposo. Tonos pasteles de azul, verde y amarillo, así como el gris y los colores tierra (café, beige, marrón y otros de la misma gama) son también muy confortables y se adaptan al gusto de cada uno.

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